Siempre será motivo de satisfacción que caigan los gobiernos abusivos y dictatoriales, sobre todo aquellos que se ponen la careta de izquierdistas, como el Chavismo o Socialismo del siglo XXI, que de tal tiene poco y ha mantenido al garete a Venezuela por 27 años (y no solo por su propia incapacidad o corrupción, también por el bloqueo y obstáculos que siempre realizan los grandes grupos económicos que manejan los países desarrollados a todo aquel que no se somete, pues hay dictaduras que son toleradas por EEUU. y otra grandes potencias "democráticas").

Pero no puedo ignorar que, luego de la caída de Maduro, Venezuela ha pasado de manos de un dictador a otro dictador, sino, qué se puede colegir de aquella frase dicha por Donald Trump: “Vamos a gobernar Venezuela hasta que podamos garantizar una transición adecuada”. Que complementa con otras similares, propias de un tirano, quien muestra ademas una actitud matonesca y supremacista.

Lo cierto es que, hace más de un siglo EEUU. se ha erigido como un imperio, levantado sobre nuestra propia miseria (y la de muchas naciones sometidas), alimentado por la explotación de nuestros recursos, el abuso de los trabajadores, la complicidad de funcionarios y políticos corruptos, y con la intermediación de oligarquías locales genuflexas (que han recibido por ello beneficios) Una potencia, cuyos ciudadanos deben su bienestar no solo al emprendimiento y trabajos propios, sino también a la miseria del resto del mundo mantenido en el subdesarrollo (ahora viene a mi memoria esa esperanzadora pero irrealizable aspiración llamada "Derecho al Desarrollo"). el "Great stick" de Trump no es más que la continuidad de una forma de manejar el mundo, solo que ahora de forma abierta, descarnada y mucho más cínica.

Así como la economía supone una relación directa y asimétrica entre necesidad y recursos (que más que ciencia es un duro oficio y en ocasiones magia), los recursos obtenidos también muestran una relación asimétrica entre riqueza excesiva y miseria, generada por la explotación, el abuso, la mentira, la corrupción y la ambición desmedida, que ha producido una gran brecha entre ricos y pobres y que pone esa riqueza en manos de un grupo muy reducido de la población mundial, no solo en EEUU., pero sobre todo en el país que hoy parece obra de Trump, pero en realidad es el que hace tiempo produce los Trumps (menos evidentes claro esta), engendros del poder (de variopinto proceder, pero asentados en una cultura común), que hoy no aplauden la libertad de un pueblo o su búsqueda de democracia, sino la intervención y la imposición de la voluntad de su líder (que a la larga redundara en su beneficio material, aunque no moral). El objetivo ya ha sido expuesto, recuperar el dominio del petróleo venezolano. 

Hoy, como antes debió ser, Latinoamérica solo tiene dos opciones: luchar contra el imperio o someterse al imperio. Y no solo nos referimos al imperio estadounidense, sino a cualquier otro que surja para someternos, a la vieja usanza, aunque con nuevos medios.

Hoy no se trata de izquierdas o de derechas, se trata de dignidad. La dignidad de luchar contra nuestras dictaduras, pero también contra los imperios que mantienen esas dictaduras y las sacan cuando les conviene.

No esperes que otro venga a realizar las luchas que a ti corresponde hacer, que no puede haber orgullo en hipotecar el futuro, en entregar nuestra tarea política a supuestos salvadores, que en realidad no buscan nuestro bienestar, sino el suyo propio, haciéndose de nuestros recursos y de nuestras ilusiones (si es que aún tenemos alguna).